Impacto psicológico de
nuevas dinámicas de abuso mediadas por la tecnología en relaciones
sentimentales de adultos emergentes: una revisión sistemática
Psychological Impact of New Technology-Mediated
Abuse Dynamics in Romantic Relationships of Emerging Adults: A Systematic
Review
Celia González Redondo
Autor de correspondencia. E-mail: celia.gonzalez@master.uneatlantico.es
Universidad Europea del Atlántico, Santander,
España
Sara Morales Ortiz
Universidad Europea del Atlántico, Santander,
España
|
Cómo referenciar este artículo: González Redondo, C., & Morales Ortiz, S. (2026). Impacto psicológico
y relacional de las nuevas dinámicas de abuso mediadas por la tecnología en
las relaciones sentimentales en adultos emergentes: una revisión sistemática.
HOMERO, 2(3), 488-515. https://doi.org/10.64492/newcz444 |
Fecha de recepción: 13/04/2026 Fecha de aceptación: 05/08/2026 Publicado online: 30/09/2026 |
Resumen
Introducción:
La digitalización de las relaciones afectivas ha dado lugar a nuevas formas de
abuso como el ghosting, el gaslighting, el phubbing y el sexting coercitivo,
asociadas al Cyber Dating Abuse (CDA),
cuyo impacto psicológico y relacional no ha sido sistematizado exhaustivamente.
Objetivo: Identificar si estas dinámicas se asocian con un impacto negativo en
la salud mental y en la calidad de las relaciones románticas en adultos
emergentes. Metodología: Se revisaron artículos publicados entre 2020 y 2025 en
PubMed, ScienceDirect, Scopus, Dialnet y Redalyc.
Tras aplicar criterios de inclusión y exclusión y eliminar duplicados, se
seleccionaron 19 artículos. Resultados: El ghosting
se asocia con sentimientos de exclusión y dificultades en el cierre
emocional. El gaslighting aumenta la
sintomatología depresiva, confusión, duda de la propia percepción y
desequilibrios de poder. El phubbing afecta
negativamente a la satisfacción relacional, aunque sus efectos sobre el
bienestar general son más limitados. El sexting
coercitivo se asocia con malestar psicológico y menor satisfacción vital,
especialmente en mujeres. Conclusiones: Estas dinámicas afectan de manera
significativa la salud mental y las relaciones románticas de los adultos
emergentes, aunque la predominancia de diseños transversales limita la
generalización de los resultados, por lo que se requieren estudios
longitudinales y definiciones más precisas para mejorar prevención, evaluación
e intervención.
Palabras clave: abuso cibernético en el noviazgo (cyber dating abuse, cda); abuso
digital; gaslighting; ghosting; phubbing;
relaciones sentimentales; salud mental; sexting coercitivo.
Abstract
Introduction:
The digitalization of romantic relationships has given rise to new forms of
abuse, such as ghosting, gaslighting, phubbing, and coercive sexting, which are
associated with Cyber Dating Abuse (CDA). However, their psychological and
relational impact has not yet been comprehensively synthesized. Objective: To
identify whether these dynamics are associated with negative effects on mental
health and the quality of romantic relationships among emerging adults.
Methodology: Articles published between 2020 and 2025 were retrieved from
PubMed, ScienceDirect, Scopus, Dialnet, and Redalyc. After applying inclusion and exclusion criteria
and removing duplicates, 19 studies were selected. Results: Ghosting was
associated with feelings of exclusion and difficulties achieving emotional
closure. Gaslighting increased depressive symptoms, confusion, self-doubt
regarding one's own perceptions, and power imbalances. Phubbing negatively
affected relationship satisfaction, although its impact on overall well-being was
more limited. Coercive sexting was associated with psychological distress and
lower life satisfaction, particularly among women. Conclusions: These dynamics
significantly affect the mental health and romantic relationships of emerging
adults. However, the predominance of cross-sectional designs limits the
generalizability of the findings, highlighting the need for longitudinal
studies and more precise conceptual definitions to improve prevention,
assessment, and intervention.
Keywords:
Cyber Dating Abuse (CDA); Digital abuse; Gaslighting; Ghosting; Mental health;
Phubbing; Romantic relationships; Coercive sexting.
El
Cyber Dating Abuse (CDA)
constituye una forma emergente de violencia en el noviazgo y se define como un
fenómeno multidimensional que engloba conductas activas y pasivas mediadas por
herramientas digitales como las redes sociales o las aplicaciones de
mensajería, mediante las cuales se ejerce control psicológico, comportamientos
de monitoreo, agresiones verbales o psicológicas, así como formas de
negligencia emocional y deterioro relacional hacia la pareja (Afrouz &
Vassos, 2024; Kurtuluş et al., 2025). Sin embargo, a diferencia de la
violencia de pareja tradicional (IPV, Intimate Partner Violence), el abuso cibernético en citas implica
comportamientos tecnológicamente específicos, como el abuso mediante imágenes y
el ciberacoso, así como otras manifestaciones de deterioro relacional
vinculadas a prácticas digitales (Taccini & Mannarini, 2024). Estudios previos respaldan una relación
estrecha entre ambos fenómenos. En particular, la evidencia muestra que la
exposición al CDA puede predecir la posterior aparición de violencia de pareja
presencial, y que quienes son víctimas de CDA presentan mayor riesgo de
experimentar distintas manifestaciones de IPV (Taccini
& Mannarini, 2024; Lu et al., 2021; Sorrentino et
al., 2025; Duerksen & Woodin, 2021).
La
aparición y consolidación del CDA se produce en un contexto social cada vez más
digitalizado, en el que las tecnologías han transformado la manera de iniciar,
mantener y finalizar vínculos, favoreciendo nuevas interacciones y estrategias
relacionales diferentes a las tradicionales (Parsakia
& Rostami, 2023; Wen, 2024; Kowal et al., 2025). En este escenario, las
aplicaciones de citas, especialmente Tinder, se han convertido en espacios
clave para la formación de vínculos íntimos entre jóvenes y adultos emergentes.
Melvin y Dasgupta (2025), indican que una proporción significativa de usuarios
de Tinder y plataformas similares ha experimentado formas no deseadas y no
consensuadas de violencia en el noviazgo, tanto en el entorno digital como
posteriormente en interacciones presenciales, tras el contacto inicial en la
aplicación. Concretamente, casi dos tercios de los usuarios de apps de citas
informan haber experimentado algún tipo de acoso cibernético facilitado por
estas plataformas y, aproximadamente el 48 % informó haber encontrado formas
relacionadas de violencia interpersonal en línea, incluyendo mensajes o
imágenes sexualmente explícitas no solicitadas, insultos ofensivos y amenazas
de daño físico (Ayerza et al., 2025).
Si
bien la digitalización ha generado efectos positivos al ofrecer oportunidades
que promueven el desarrollo personal, social y económico, además de facilitar
el acceso a información y a redes de conexión de las personas (Ahmed et al.,
2025), también ha propiciado la aparición de nuevos escenarios de
vulnerabilidad y exposición al abuso en el ámbito digital, configurando lo que
se conoce como CDA (Benítez-Hidalgo et al., 2024; Løkkeberg et al., 2023).
Dado
que el estudio de este fenómeno es relativamente reciente, aún no existe un
consenso claro acerca de su definición y conceptualización (Sorrentino et al.,
2025; Soto & Ibabe, 2022; Domínguez et al., 2020;
Brown et al., 2021). Esta falta de acuerdo también se refleja en la
variabilidad de las tasas de prevalencia, lo que pone de manifiesto la
necesidad de seguir profundizando y clarificando este tema. A nivel global, un
metaanálisis reciente de Martínez-Soto & Ibabe
(2024) estima que un 47 % de las personas ha sido víctima de CDA.
En
el caso de los adolescentes y adultos emergentes, el estudio con población
española publicado por de los Reyes Mera y Jaureguizar (2024), señala en sus
resultados que el 45,8 % había experimentado ciberviolencia
en el contexto de pareja y el 53,4 % había ejercido ese tipo de abuso. Por
género, los varones puntuaron más alto en ciberagresión
y cibercontrol recibidos y perpetrados, mientras que
no se hallaron diferencias significativas por edad, confirmando que la ciberviolencia se manifiesta principalmente a lo largo de
la adolescencia y juventud (de los Reyes Mera & Jaureguizar, 2024).
Con
respecto a esta idea, la literatura reciente señala que la edad promedio en la
que comienzan a manifestarse conductas de abuso en el ciberespacio dentro de
las relaciones de pareja se sitúa alrededor de los 16 años, aunque algunas
personas pueden experimentarlas desde los 11 (Ellyson et al., 2021). Este
inicio temprano podría estar relacionado con factores propios de la
adolescencia media, como la exploración de la intimidad, la construcción de la
identidad relacional y el uso intensivo de las tecnologías digitales como medio
principal de comunicación afectiva (Li et al., 2023).
Sin
embargo, a medida que los individuos avanzan hacia la adultez emergente
(periodo comprendido entre los 18 y 30 años), estas dinámicas adquieren una
relevancia particular dado que esta etapa se caracteriza por la consolidación
de la identidad, la formación de vínculos afectivos y el establecimiento de
relaciones románticas más comprometidas (Fernet et al., 2019; Sánchez-Porro
& Silva-Vicuña, 2024). Además, la alta actividad en redes sociales e
internet en esta fase vital aumenta la exposición a conductas de ciberabuso, lo que convierte a los adultos emergentes en un
grupo especialmente vulnerable a este tipo de violencia digital (Fernet et al.,
2019). Por estas razones, y como se verá a continuación, se ha definido como
criterio de inclusión de esta revisión que los estudios incluyan muestras de
adultos emergentes de entre 18 y 30 años, permitiendo analizar el impacto del
CDA en una etapa de consolidación relacional y tecnológica, aunque las
conductas puedan haberse iniciado previamente en la adolescencia.
Desde
un enfoque explicativo, la literatura sugiere que el CDA puede surgir a partir
de procesos de aprendizaje social y de la normalización del control en entornos
digitales, donde conductas como la vigilancia, la intrusión o el monitoreo
constante son percibidos como expresiones legítimas de interés o cuidado
(Martínez-Soto & Ibabe, 2024).
Respecto
a los perfiles implicados en el CDA, la investigación reciente descarta la
existencia de un prototipo único de agresor o víctima. En cambio, se observa
una notable bidireccionalidad entre victimización y perpetración, especialmente
en adolescentes y adultos emergentes, lo que sugiere dinámicas relacionales
recíprocas y estrategias de afrontamiento disfuncionales (Víllora
et al., 2025).
En
cuanto a las diferencias en función del sexo, la evidencia empírica no resulta
concluyente. Algunas investigaciones indican que las mujeres presentan mayores
tasas de cibervictimización (Víllora
et al., 2019b), mientras que otros estudios han encontrado mayores niveles de
victimización en hombres (Barrera-Mesa et al., 2022;
Javier-Juárez
et al., 2021; Linares et al., 2021; Romo-Tobón et al., 2020). Asimismo,
diversos trabajos no han encontrado diferencias significativas en función del
sexo, mostrando tasas similares entre chicos y chicas (Branson & March,
2021; Lara, 2020; Oyarzún et al., 2021; Rey Anacona
et al., 2023; Víllora et al., 2019a). Esta disparidad
de resultados refuerza la idea de que el CDA no puede comprenderse desde una
lógica exclusivamente unidireccional, sino como un fenómeno complejo y
relacional.
Más
allá de las diferencias por sexo, la evidencia preliminar sugiere que tanto la
perpetración como la victimización se asocian con rasgos de personalidad
desadaptativos, emocionalidad negativa e impulsividad (Biolcati
et al., 2022; Linares et al., 2021; Pineda et al., 2021), hallazgos coherentes
con la investigación sobre violencia en las relaciones presenciales (Curtis et
al., 2023; Maloney et al., 2024).
En
cuanto al perfil del agresor, la literatura señala que rasgos situados en los
extremos de la personalidad, como la psicopatía, el narcisismo, el
maquiavelismo y el sadismo, pueden vincularse con la perpetración de CDA,
especialmente cuando se combinan con altos niveles de impulsividad y
reactividad emocional (Cervantes et al., 2025). No obstante, algunas
investigaciones sugieren que, en el contexto específico del CDA, la
perpetración parece asociarse de manera más consistente con la psicopatía y el
narcisismo, pero no necesariamente con el maquiavelismo o la manipulación
interpersonal (Pineda et al., 2021), lo que indica que las dinámicas digitales
pueden presentar matices diferenciales respecto a otras formas de violencia.
Por
su parte, el perfil de la víctima también se ha vinculado con la presencia de
emocionalidad negativa, más concretamente con depresión, ansiedad y estrés
(Cava et al., 2020; Tarriño-Concejero et al., 2023; Toplu-Demritaş et al., 2020), siendo la depresión, en
palabras de Cervantes et al. (2025), un posible predictor de victimización
posterior.
Asimismo,
tanto la perpetración como la victimización se asocian con elevados niveles de
impulsividad e inestabilidad emocional (Linares et al., 2021). Se han
identificado efectos directos de la impulsividad en la victimización por CDA y
en la perpetración (Álvarez-García et al., 2019; Biolcati
et al., 2022; Branson & March, 2021), lo que sugiere que las personas con
mayor desregulación conductual pueden reaccionar de manera desadaptativa ante
conflictos digitales (Linares et al., 2021; Sparks et al., 2023), mientras que
ciertos patrones de conducta impulsiva en línea podrían aumentar la
vulnerabilidad frente a la victimización (Cervantes et al., 2025). Estos
resultados son consistentes con la sólida asociación entre impulsividad y
violencia de pareja tradicional (Cervantes et al., 2025). No obstante, pese a
estas similitudes, el CDA presenta características propias que justifican su
estudio como constructo diferenciado (Pineda et al., 2021).
El
CDA se presenta como un constructo multidimensional que se expresa a través de
diversos comportamientos abusivos digitales, como el control y vigilancia de la
pareja, el envío de comentarios ofensivos, amenazas, o la difusión de imágenes
comprometedoras (Afrouz & Vassos, 2024). Dentro de este marco, pueden
identificarse formas emergentes de abuso emocional mediadas por la tecnología
que, aunque en ocasiones resultan más sutiles o ambiguas, comparten mecanismos
de manipulación. Aunque estas prácticas son cada vez más frecuentes entre la
juventud, aún no han sido ampliamente estudiadas ni sistematizadas
científicamente. Entre ellas, pueden enmarcarse comportamientos como el ghosting, el gaslighting, el phubbing o el sexting coercitivo, entre otros.
El
ghosting se refiere a la interrupción
inesperada de toda comunicación sin una explicación clara ni una conversación
previa, que puede ocurrir de forma repentina o gradual (Jonason et al., 2021; Jahrami et al., 2023). Habitualmente, implica eliminar a la
persona afectada de tus contactos en redes sociales (Jonason et al., 2021),
aunque también puede manifestarse mediante la ausencia de respuesta a llamadas,
mensajes o correos electrónicos (Jahrami et al.,
2023). Mientras que LeFebvre y colaboradores (2019),
sostienen que el ghosting se asocia
principalmente a las relaciones románticas, investigaciones más recientes
basadas en observaciones y entrevistas evidencian que este fenómeno también se
presenta en relaciones de amistad y profesionales (Campaioli
et al., 2022; Forrai et al., 2023; Farber et al., 2022).
La
literatura indica que el ghosting puede
tener repercusiones tanto para quienes lo sufren como para quienes lo llevan a
cabo. En ese sentido, el estudio de Daraj et al. (2023) constata que mientras
las víctimas suelen experimentar tristeza, ansiedad, confusión y disminución de
la autoestima, así como dificultades para confiar en futuras relaciones,
quienes practican el ghosting también
pueden sentir culpa, frustración o alivio, según la relación. De manera
complementaria, Koessler et al. (2019) observaron que los adultos jóvenes que
recurren al ghosting para finalizar
una relación experimentan menos angustia emocional que quienes son víctimas de
esta conducta. Además, el estudio también reportó que quienes finalizan la
relación mediante una conversación directa suelen experimentar niveles de
malestar aún mayores que quienes optan por el ghosting, lo que sugiere que enfrentar la ruptura cara a cara puede
ser emocionalmente más demandante que evitar la interacción por completo
(Koessler et al., 2019).
Por
otra parte, el gaslighting es un
concepto que describe un patrón de manipulación psicológica en la que una
persona socava la confianza de la otra haciendo que dude de su percepción de la
realidad, afectando su memoria, juicio y confianza (Sweet, 2019; Hailes &
Goodman, 2023). Este tipo de abuso implica tácticas como negar hechos,
distorsionar la realidad, culpar injustamente e insultar verbalmente (Klein et
al., 2023; Sweet, 2019). Como consecuencia, las víctimas suelen experimentar
una disminución de la autoestima, confusión, inseguridad respecto a la propia
memoria y percepción, y consecuencias emocionales y sociales que pueden
persistir incluso después de finalizada la relación (Hailes & Goodman,
2023; Klein et al., 2023). En cuanto a quienes lo ejercen, el gaslighting puede ser una estrategia
deliberada para obtener control o bien una expresión de ciertos rasgos de
personalidad, como el narcisismo, el maquiavelismo o el sadismo (Miano et al.,
2021; March et al., 2023).
Otra
forma sutil de abuso digital que encaja dentro de la tipología de estrategias
de dominación emocional mediadas por la tecnología es el phubbing. Este término, como señalan Garrido et al. (2024), hace referencia
a la acción de ignorar a la pareja o interlocutor durante una interacción
presencial debido al uso del teléfono móvil u otras pantallas. Esta conducta no
solo afecta a quien la recibe (phubee), sino también a quien la realiza (phubber),
intensificando problemas psicológicos como ansiedad, depresión, soledad y
frustración de necesidades de conexión, así como problemas relacionales como
menor intimidad, conflictos, celos y disminución de la satisfacción en la
relación (Bitar et al., 2023; Sun & Wong, 2024; Bakır y Dilmaç, 2023).
Finalmente,
el sexting se define generalmente
como el intercambio de mensajes, imágenes, fotos o videos de contenido
sexualmente explícito a través de cualquier plataforma digital (Klettke et al.,
2019; Barroso et al., 2021). Dentro de este fenómeno, el sexting coercitivo constituye una forma agresiva y violenta del sexting que se produce bajo amenazas,
presión, solicitudes persistentes o cualquier tipo de coacción (Barroso et al.,
2021). Según Laird et al. (2021), la coerción puede manifestarse tanto en el
envío (por ejemplo, obligar a alguien a enviar contenido sexual no deseado o
difundirlo sin consentimiento) como en la recepción, cuando una persona es
expuesta de manera no consensuada a mensajes, imágenes o vídeos sexuales.
Aunque
el sexting consensuado puede
considerarse una expresión saludable del desarrollo sexual (Van Dijck et al.,
2024), el sexting coercitivo se ha
asociado con consecuencias graves, como explotación sexual, extorsión, acoso
sexual en línea, ciberacoso, intentos de suicidio, síntomas depresivos,
violencia de pareja, distribución de pornografía infantil, desregulación
emocional y otras formas de violencia sexual mediadas por la tecnología (Laird
et al., 2021).
A
pesar de que estos fenómenos cada vez son más reconocidos socialmente, la
investigación académica sobre su prevalencia es aún limitada y heterogénea, lo
que dificulta estimaciones precisas. Sin embargo, algunas investigaciones
muestran que la probabilidad de enfrentarse al sexting coercitivo tiende a aumentar a lo largo de la adolescencia
(Thulin et al., 2023). Asimismo, la evidencia sigue indicando diferencias de
género marcadas, ya que las mujeres reportan con mayor frecuencia haber enviado
contenido sexual bajo presión o amenaza, y las personas con experiencias
previas de violencia o coerción sexual presentan un mayor riesgo de implicarse
en dinámicas de sexting coercitivo
(Patchin & Hinduja, 2024).
Si
bien cada uno de estos fenómenos presenta manifestaciones específicas, todos
comparten una misma finalidad: influir o controlar a la otra persona, limitar
su autonomía emocional o regular la dinámica relacional mediante estrategias
indirectas, ambiguas o de carácter coercitivo a través de medios digitales.
En
este sentido, el CDA, como manifestación de abuso digital en relaciones
románticas, se ha relacionado con diversos problemas de salud mental y
conductuales, entre los que se incluyen síntomas depresivos, baja autoestima,
angustia emocional, estrés postraumático, hostilidad, ira y consumo de
sustancias como alcohol, cigarrillos y marihuana, entre otros (Caridade &
Braga, 2020; Duerksen & Woodin, 2021; Melander & Marganski, 2020; Toplu-Demirtaş et al., 2020). Además, se asocia con un
mayor riesgo de suicidio (Gracia-Leiva et al., 2020).
Por
todo ello, resulta necesario desarrollar una revisión sistemática que permita
integrar y clarificar el conocimiento actual sobre el impacto psicológico y
relacional de las nuevas dinámicas de abuso vinculadas al CDA. La
heterogeneidad conceptual y metodológica existente, junto con la elevada
prevalencia y la especial vulnerabilidad de la adultez emergente como etapa
evolutiva, justifican la necesidad de sintetizar los hallazgos disponibles para
comprender la magnitud del fenómeno, sus factores asociados y sus consecuencias
en la salud mental y en la consolidación de vínculos afectivos, contribuyendo
así al desarrollo de marcos teóricos más sólidos y de estrategias preventivas y
de intervención adaptadas al contexto digital contemporáneo.
Objetivo
General: Identificar si las dinámicas de ghosting,
gaslighting, phubbing y sexting coercitivo se
asocian con un impacto negativo en la salud mental y en la calidad de las
relaciones románticas.
Los
objetivos específicos son:
-
Analizar las consecuencias
psicológicas vinculadas a estas prácticas (ansiedad, depresión, disminución de
la autoestima, etc).
-
Explorar cómo estas
dinámicas influyen en la calidad, estabilidad y funcionamiento de los vínculos
afectivos.
-
Determinar si existen
diferencias en el impacto psicológico entre las distintas formas de abuso
analizadas.
La
hipótesis principal de la que parte el estudio sugiere que las nuevas dinámicas
de ghosting, gaslighting, phubbing y sexting
coercitivo generan efectos notables y perjudiciales en la salud mental y en
la calidad de las relaciones interpersonales.
Por
su parte las hipótesis específicas planteadas son las siguientes:
-
El ghosting, gaslighting, phubbing y sexting
digital se asociarán con un aumento de sintomatología psicológica.
-
Estas dinámicas tendrán un
efecto negativo directo en la cohesión, la confianza y la estabilidad percibida
dentro de las relaciones afectivas o de pareja.
-
El impacto psicológico
variará según la forma de abuso, de modo que algunas prácticas producirán
efectos más intensos que otras.
Metodología
Criterios
de inclusión y exclusión
En
cuanto a los criterios de inclusión utilizados para la selección de artículos,
se establecieron los siguientes: (1) estudios originales con resultados
empíricos; (2) investigaciones cuyo objeto de estudio abordara alguna de las
siguientes dinámicas de abuso emocional mediadas por la tecnología: ghosting, gaslighting; phubbing o sexting
coercitivo;
(3)
artículos publicados entre los años 2020 y 2025; (4) muestras compuestas por
adultos jóvenes (18 a 30 años en promedio); (5) participación de individuos de
ambos sexos, sin restricciones relacionadas con la orientación sexual ni con la
existencia de diagnósticos clínicos previos; (6) estudios centrados en
relaciones románticas, y (7) trabajos que analizaran la experiencia desde la
perspectiva de la víctima, evaluando las consecuencias derivadas de haber
sufrido dichas dinámicas.
Además,
se excluyeron aquellas investigaciones que: (1) correspondieran a revisiones
sistemáticas, tesis, metaanálisis, disertaciones, artículos teóricos,
duplicados o estudios piloto sin resultados concluyentes; (2) no especificaran
de forma explícita la dinámica de abuso
emocional
mediadas por la tecnología o la confundieran con otras formas de abuso o
control interpersonal; (3) no presentaran resultados empíricos concretos sobre
el impacto psicológico o relacional de dichas dinámicas; o (4) no evaluaran
consecuencias psicológicas o relacionales, tales como bienestar mental,
autoestima, ansiedad, depresión o satisfacción relacional, entre otros.
La
última búsqueda fue realizada el día 18 de diciembre del 2025, reclutando un
total de 19 artículos.
Estrategia
de búsqueda
La
metodología aplicada en esta revisión sistemática se centró en la búsqueda de
artículos que analizan la relación entre dinámicas emergentes de abuso
emocional mediado por la tecnología y sus efectos tanto en la salud mental como
en la calidad de las relaciones sentimentales. En particular, se abordaron
cuatro fenómenos: ghosting, gaslighting, phubbing y sexting coercitivo.
Para
recopilar los artículos se consultaron las siguientes bases de datos: PubMed, ScienceDirect, Scopus, Dialnet y Redalyc. En cada una de
ella se aplicó un algoritmo de búsqueda que combinaba cada una de las prácticas
(ghosting, gaslighting, phubbing y
coercive sexting) con variables dependientes relacionadas con el bienestar mental y las
relaciones interpersonales.
Concretamente se buscó:
“Psychological impact", “mental health",“depression",“anxiety",“self-esteem",“relationship
satisfaction",“ intimacy",“trust" y “relationship quality". Se emplearon los siguientes términos tanto en inglés como en español, así
como el operador booleano “AND” combinando cada fenómeno con las variables de
interés. Además, la búsqueda se limitó a publicaciones entre 2020 y 2025, con
el objetivo de incluir estudios recientes y relevantes.
Tras
la primera fase de búsqueda, se obtuvieron un total de 59360 artículos,
distribuidos de la siguiente manera: 2261 en PubMed, 1138 en Redalyc, 53680 en ScienceDirect, 2042 en Scopus y 239 en Dialnet.
Seguidamente, se realizó una segunda búsqueda aplicando los criterios de
inclusión y exclusión cuidadosamente definidos. Tras este filtrado, se
identificaron 24 artículos que cumplían con los criterios establecidos.
Finalmente
se eliminaron los duplicados, es decir aquellos artículos presentes en otras
bases de datos, obteniéndose un total de 19 artículos que conforman la muestra
final de esta revisión.
Este
proceso permitió garantizar que los artículos incluidos fueran pertinentes,
actuales y metodológicamente sólidos, cubriendo distintas perspectivas sobre
los fenómenos estudiados.
El
diagrama de flujo que se presenta a continuación expone de forma clara y
detallada cada fase del proceso de búsqueda y selección de artículos, desde la
identificación inicial hasta la selección final, proporcionando una
representación visual del procedimiento seguido (ver figura 1).
Figura
1
Diagrama de flujo de la selección de artículos.
Participantes
Los
estudios incluidos en la presente revisión sistemática incluyeron un conjunto
de 9379 participantes. Las edades se situaron mayoritariamente entre los 18 y
30 años, con una edad media global aproximada entre los 22–25 años.
Gran
parte de las muestras estuvieron formadas por estudiantes universitarios o
adultos jóvenes, tanto de países europeos como de contextos internacionales,
con un predominio claro de muestras femeninas, que en varios estudios superaron
el 70%, aunque algunos trabajos presentaron porcentajes más equilibrados.
En relación a la orientación sexual,
varios estudios informaron que la mayor parte de los participantes se
identificaban como heterosexuales (entre el 74% y el 83%). Respecto al contexto
relacional, gran parte de la muestra se encontraba involucrada en relaciones
románticas actuales, tanto formales como informales. Algunos estudios se
centraron específicamente en personas solteras o en usuarios de aplicaciones de
citas, mientras que otros incluyeron parejas estables, convivientes o casadas.
En
términos de criterios de inclusión, los más comunes fueron ser mayor de edad y
poseer competencia lingüística suficiente, ser usuario activo de redes sociales
o aplicaciones de citas cuando la investigación así lo requería, y haber
experimentado o reportado situaciones relacionales como ghosting, gaslighting, phubbing o sexting
coercitivo. Se excluyeron participantes que no cumplían con los requisitos
de edad, que ofrecían respuestas de baja calidad o que no habían vivenciado
experiencias relevantes para el análisis. Ninguno de los estudios empleó
muestras clínicas, sino que se centraron en población general.
Instrumentos
En
los artículos revisados se emplearon diversas herramientas para valorar tanto
las dinámicas de manipulación emocional como su impacto psicológico y
relacional. Conviene remarcar que los instrumentos utilizados variaron en
función de las variables analizadas, lo que llevó a que algunos fueran más
frecuentes que otros según el contexto. No obstante, los instrumentos más
utilizados se detallan a continuación.
Partner
Phubbing Scale (PPS) (Roberts & David, 2016)
La
Partner Phubbing Scale (PPS) evalúa la distracción específica provocada por el uso del teléfono
móvil en la relación con la pareja amorosa (Roberts y David, 2016). Es una
escala breve compuesta por 9 ítems que miden la frecuencia con la que la pareja
del participante incurre en conductas de phubbing. Las respuestas se
recogen mediante una escala Likert de 5 puntos, que varía de 1 (“nunca”) a 5
(“siempre”). La puntuación total de la escala indica la intensidad con la que
los individuos perciben que están siendo ignorados por sus parejas a causa del teléfono
móvil, de modo que puntuaciones más altas reflejan un mayor grado de phubbing. Se
trata de una escala unidimensional de autoinforme.
Aunque
existen adaptaciones al español de escalas generales de phubbing, hasta el momento no se
dispone de una validación psicométrica publicada de la PPS en población
hispanohablante.
En
la validación original de la escala (Roberts y David, 2016), se obtuvieron
buenos índices de validez factorial mediante un Análisis Factorial
Confirmatorio (χ² = 80.02; gl = 27; RMSEA =
0.08; NFI = 0.96; CFI = 0.97), así como evidencias de validez convergente y
discriminante. Asimismo, la escala alcanzó un alto nivel de consistencia
interna, con un coeficiente alfa de Cronbach de α = 0.93.
Rosenberg
Self-Esteem Scale (RSES)(Rosenberg,1965)
La
Escala de Autoestima de Rosenberg (Rosenberg, 1965), consta de 10 ítems que
evalúan la autoestima unidimensional, entendida como la actitud general que una
persona mantiene hacia sí misma (por ejemplo: “Siento que soy una persona
valiosa, al menos en el mismo nivel que los demás”). Los ítems se responden en
una escala Likert de 4 puntos, que va de 1 (“totalmente de acuerdo”) a 4
(“totalmente en desacuerdo”), de forma que las puntuaciones más altas indican
un mayor nivel de autoestima.
En
cuanto a la fiabilidad, en su estudio original, Rosenberg (1965) reportó una
consistencia interna adecuada para la escala, con un coeficiente alfa de
Cronbach de aproximadamente α = .77. En investigaciones recientes, esta
escala sigue mostrando alta consistencia interna, con coeficientes alfa de
Cronbach comúnmente entre .88 y .94, dependiendo del contexto, idioma y
población de estudio (Jiang et al., 2023; Molina
Calle, 2024).
En
contextos de habla hispana, se han publicado diferentes adaptaciones. Por
ejemplo, Gómez-Lugo et al. (2016) validaron la RSES en población colombiana y
española, mostrando consistencias internas de .83 y .86 respectivamente.
Global
Measure of Sexual Satisfaction (GMSEX)(Lawrance y
Byers, 1995).
La
Medida Global de Satisfacción Sexual (Global Measure of Sexual Satisfaction, GMSEX;
Lawrance y Byers, 1995), evalúa la satisfacción sexual a través de la
apreciación subjetiva que cada persona realiza de su relación sexual actual con
su pareja. La escala consta de cinco ítems que utilizan una escala tipo Likert
de 7 puntos, respondiendo a la pregunta: “En general, ¿cómo describiría su
relación sexual con su pareja?”. Los ítems se representan mediante adjetivos
bipolares: bueno-malo, agradable-desagradable, positivo-negativo,
satisfactorio-insatisfactorio y valioso-sin valor. Cuanto mayor es la
puntuación, mayor es la satisfacción sexual percibida en la relación de pareja.
En
los estudios originales, el GMSEX mostró buena consistencia interna, con un
alfa de Cronbach de 0.90 (Lawrance y Byers, 1995), y fiabilidad temporal con
correlaciones de r
=
0.84 entre las primeras aplicaciones y r = 0.78 (p < 0.001) entre la segunda
y tercera aplicación. Estudios posteriores han reportado valores de fiabilidad
similares, como α = 0.84 (Mark et al., 2014).
La
versión española fue realizada por Sánchez-Fuentes et al. (2015) como parte de
la versión en español del Interpersonal Exchange Model of
Sexual Satisfaction Questionnaire
(IEMSSQ) (Lawrance & Byers, 1995). En estudios que emplean esta adaptación,
se ha
observado
una alta consistencia interna, con coeficientes de Cronbach alrededor de α
= .88, lo que respalda su uso (Calvillo et al., 2020).
Escala de
Emociones Relacionadas con el Rechazo (Rejected-Related
Emotions Scale, RRES) (Buckley et al., 2004)
Esta
herramienta fue desarrollada por Buckley y colaboradores (2004),
específicamente para dicho estudio, con el objetivo de medir la intensidad de
emociones específicas vinculadas a experiencias de rechazo social, incluyendo
ira, tristeza, ansiedad, dolor emocional y felicidad (esta última evaluada de
forma invertida) (Buckley et al., 2004).
Consta
de 15 ítems organizados en cinco subescalas de tres ítems cada una,
correspondientes a las emociones mencionadas. Cada ítem se responde mediante
una escala Likert de 7 puntos, donde 1 indica “nada” y 7 “completamente”,
permitiendo cuantificar la intensidad con la que el participante experimenta
cada emoción (Buckley et al., 2004). Para calcular un índice general de
emociones negativas relacionadas con el rechazo, los ítems de felicidad se
invierten y se calcula la media de todos los ítems, de manera que las
puntuaciones más altas reflejan una mayor presencia de emociones negativas tras
situaciones de rechazo.
Respecto
a su consistencia interna, estudios previos como el de Sancino
y colaboradores (2024), han reportado alfas de Cronbach elevados para cada
subescala: felicidad (α = .94), ira (α = .95), dolor emocional
(α = .97), ansiedad (α = .89) y tristeza (α =
.93).
Además, el índice global de emociones negativas presenta un α = .84, lo
que indica buena consistencia interna y fiabilidad (Sacino et al., 2021). No
obstante, la RRES fue concebida como una medida específica de investigación y
no como un instrumento clínico estandarizado con manual independiente de
aplicación. Por ello, hasta la fecha, no se han localizado estudios que
describan un proceso formal de traducción, adaptación transcultural y
validación psicométrica de la RRES en población hispanohablante, lo que implica
que su utilización en estos entornos requeriría un proceso previo de adaptación
lingüística y validación.
Need-Threat
Scale (NTS) (Williams, 2009)
Esta
herramienta fue creada para evaluar el nivel de satisfacción de las cuatro
necesidades humanas fundamentales definidas por Williams (2009): pertenencia,
autoestima, existencia significativa y control. Cada una de estas dimensiones
refleja aspectos clave para el bienestar emocional y social del individuo.
Según
Williams (2009), la pertinencia evalúa la percepción de ser aceptado o
rechazado por parte de los demás, con ítems como “me sentí rechazado”. Por su
parte, la autoestima mide la valoración personal e incluye ítems invertidos
como “mi autoestima era alta”, de modo que puntuaciones más altas reflejan
menor autoestima. En tercer lugar, la existencia significativa analiza la
sensación de utilidad o propósito en la vida con ejemplos de ítems como “me
sentí inútil”. Finalmente, el control examina la sensación de poder influir en
las acciones o comportamientos de otros, con ítems como “sentí que no podía
influir en las acciones de los demás”
La
escala consta de 20 ítems, distribuidos en cinco por cada necesidad, y se
responde mediante una escala tipo Likert de 5 puntos (1 = “nada” a 5 =
“extremadamente”). Valores más altos indican un menor grado de satisfacción de
las necesidades básicas, es decir, reflejan una mayor sensación de amenaza a
estas necesidades fundamentales (Williams, 2009).
Con
respecto a la versión utilizada en estudios en español, aunque no existe una
adaptación oficial estandarizada, se han realizado traducciones siguiendo
procedimientos de traducción y retrotraducción que
han sido empleadas en investigaciones con población hispanohablante (Mustaca, 2019). En esa investigación, los
alfas de Cronbach reportados para cada subescala fueron: pertenencia
α = .67, autoestima α = .83, existencia significativa α =
.88
y control α = .71. Estos valores indican que las subescalas de autoestima
y existencia significativa presentan una fiabilidad muy buena, mientras que
pertenencia y control muestran consistencia interna moderada (Mustaca, 2019).
Satisfaction
With Life Scale (SWLS) (Diener et al. 1985)
La
Escala de Satisfacción con la Vida (SWLS), fue creada por Diener y
colaboradores (1985) para evaluar los juicios cognitivos de satisfacción con la
propia vida. Es un instrumento de 5 ítems con 7 categorías de respuesta tipo
Likert por ítem que va de 1 (“muy en desacuerdo”) a 7 (“muy de acuerdo”). La
puntuación total se obtiene mediante la suma de los ítems y puede oscilar entre
5 y 35 puntos, donde las puntuaciones más altas reflejan una mayor percepción
de que las áreas importantes de la vida funcionan adecuadamente, mientras que
las bajas sugieren lo contrario (Diener et al. 1985).
En
cuanto a propiedades psicométricas, la SWLS ha mostrado una fuerte consistencia
interna con coeficientes alfa de Cronbach que oscilan entre de α = .79 a
α = .89 (Rivera & Rosario-Rodríguez, 2020).
La
adaptación al español de la SWLS fue realizada por Vázquez y colaboradores
(2013), mostrando una estructura factorial unidimensional y una consistencia
interna sólida (α = .88), lo que indica una fiabilidad adecuada para su
uso en contextos de habla hispana.
Single-Item
Self-Esteem Scale (SISES) (Robins et al., 2001)
La
Escala de Autoestima de Ítem Único (Single-Item Self-Esteem
Scale; SISES) fue diseñada como una alternativa a la Escala de Autoestima de
Rosenberg (Rosenberg, 1965). Como su nombre indica, es una medida de un solo
ítem que evalúa la autoestima global. Los participantes responden a este único
ítem utilizando una escala Likert de 5 puntos, que va de 1 (no es muy cierto en
mí) a 5 (muy cierto en mí). A pesar de su brevedad, la escala reporta en su
publicación original una sólida validez convergente con la Escala de Autoestima
de Rosenberg (Rosenberg, 1965), con correlaciones cercanas a r = .70 – .80
(Robins et al., 2001).
No
se ha publicado una adaptación formal estandarizada de la SISES al español,
pero diversos estudios como el de Domínguez-Lara (2019), han traducido y
utilizado el ítem en español.
The Juvenile Online Victimization
Questionnaire (JOV-Q) (Montiel & Carbonell,2012)
El
Cuestionario de Victimización Juvenil en Línea (JOV-Q), desarrollado
originalmente en español por Montiel y Carbonell (2012). Es un instrumento
creado para evaluar la victimización juvenil en línea. La primera parte del
JOV-Q está compuesta por 20 ítems que recogen información sociodemográfica
básica como edad y sexo, junto con datos sobre el patrón de uso de Internet,
incluyendo el tiempo diario en línea, la frecuencia y el lugar de conexión, así
como aspectos relacionados con las relaciones sociales tanto online como
offline (cantidad y grado de satisfacción) (Montiel & Carbonell, 2012).
A
través de un análisis de componentes principales, el cuestionario se estructuró
en 44 ítems distribuidos en ocho dimensiones, que abarcan diferentes
manifestaciones de victimización digital (Montiel & Carbonell, 2012). En
cuanto a sus propiedades psicométricas, diversos estudios han demostrado que el
JOV-Q presenta una alta consistencia interna, con coeficientes alfa de Cronbach
que van desde 0.83 en la victimización no sexual hasta 0.93 en la victimización
sexual, indicadores que reflejan una excelente calidad psicométrica (Guerra et
al., 2020).
Listado de
Síntomas Breve (LSB-50) (de Rivera & Abuín, 2012)
El
LSB-50 es un cuestionario psicométrico diseñado para evaluar el malestar
psicológico y los síntomas psicosomáticos en adultos (de Rivera & Abuín, 2012). Fue
desarrollado
originalmente en español, y consta de 50 ítems que se responden con una escala
tipo Likert de 0 a 4, permitiendo cuantificar la intensidad del malestar
durante los últimos siete días (de Rivera & Abuín,
2012).
Los
ítems se organizan en nueve dimensiones clínicas: ansiedad, hostilidad,
somatización, depresión, alteraciones del sueño, sensibilidad
interpersonal/hipersensibilidad, obsesiones-compulsiones, ideación paranoide y
psicoticismo (de Rivera & Abuín, 2012).
Además,
el instrumento incluye tres índices globales: índice de gravedad global, número
de síntomas positivos e índice de intensidad de síntomas, que ofrecen una
visión completa del malestar psicológico (de Rivera & Abuín,
2012).
Respecto
a sus propiedades psicométricas, los autores de este listado concluyeron en un
estudio posterior que las escalas tienen consistencia interna alta, con α
de Cronbach entre
0.79
y 0.90, y evidencias de validez factorial y criterial
(Abuín & de Rivera, 2014).
Otros
instrumentos o pruebas menos empleadas en los estudios incluidos en la revisión
fueron las siguientes: Voodoo Doll Task (VDT) (DeWall
et al., 2013), Victim Gaslighting Questionnaire
(VGQ) (Bhatti et al., 2023), Brief Partner Behavioral
Control Scale (B-PBCS) (Sağkal et al., 2021),
Paranoia Checklist (PCL) (Freeman et al., 2005),
Multidimensional Fatalism Scale (MFS) (Esparza et
al., 2014), Tinder-Based Disenchantment Scale (TBDS)
(Niehuis et al., 2020, adaptada), Violated
Expectedness Scale (VES) (Afifi & Metts, 1998),
UCLA Loneliness Scale Short Version
(UCLA-LS) (Russell et al., 1980), Escala de Necesidad de Pertenencia de 10
ítems (ENP) ( Leary et al., 2013), Escala Breve de Personalidad Histriónica
(EBPH) (Ferguson & Negy, 2014), Escala FoMO de 10 ítems (FoMOs)
(Przybylski et al., 2013), Intolerance of Uncertainty Scale Short Form
(IUS-12) (Carleton et al., 2007), Rejection Sensitivity Questionnaire Adult Version (RSQ-A) (Berenson
et al., 2009), Depression, Anxiety
and Stress Scale (DASS-21) (Lovibond & Lovibond, 1995), Escala ad hoc de construales
cognitivos basada en Smart Richman & Leary (2009) (Pancani
et al., 2022), ítems de diseño propio la valoración de la salud mental, de ser
víctima de ghosting, breadcrumbing o vaguebooking (Astleitner et al.,
2022; Navarro et al., 2020a; Konings et al., 2023; Lopes & Jaspal, 2025), Positive and Negative Affect Schedule (PANAS) (Watson et al., 1988), Escala de
Experiencia de Gaslighting de diseño propio (Graves & Samp, 2021), Squire Subjective Memory Questionnaire
(SSMQ) y SSMQ-Partner (Squire et al., 1979), Sexual Coercion
in Intimate Relationships
Scale (SCIRS) (Shackelford & Goetz, 2004), Online Sexual Victimization Scale (OSV) (Gámez-Guadix et al., 2015), Generalized Sense of Power Scale
(GSPS) (Anderson et al., 2011), Inclusion of Other in the Self Scale (IOS
Scale) (Aron et al., 1992), Sexting Questionnaire
(SQ) (Gámez-Guadix et al., 2017), Quality of Relationship Index (QRI) (Pierce et al.,1991), Escala de Respuesta
Interpersonal revisada localmente (Davis, 1980; Zhang et al., 2010; Zhan et
al., 2022), Escala de Comunicación Tecnológica (COMARI-T) (Nina &
Rodríguez, 2016) , Escala de Calidad Diádica (DQS) (Nina, 2019), Psychological Needs Satisfaction
in Romantic Relationships
Scale (PSNR) (Karaman & Arslan, 2023), Generic
Scale of Phubbing (GSP) (Chotpitayasunondh & Douglas, 2018), Generic
Scale of Being Phubbed (GSBP) (Chotpitayasunondh
& Douglas, 2018), Social Media Addiction Scale-Adult Form (SMAS-AF) (Karaman & Arslan, 2024), Relationship Satisfaction Scale
(RSS) (Murray et al., 1996), The Perceived Relationship Quality Component Inventory satisfaction subscale (PRQC)
(Fletcher et al., 2000), Patient Health Questionnaire
(PHQ-4) (Kroenke et al., 2009), Phubbing Scale (PS)
(Karadağ et al., 2015), Relationship Assessment Scale (RAS) (Hendrick et al., 1998), Perceived Partner Responsiveness
Scale (PPRS) (Reis et al., 2017), Discrete Emotions Questionnaire (DEQ) (Harmon-Jones et al., 2016), ítems únicos
para evaluar comparación social (Astleitner et al.,
2022), confusión y culpa (Telari et al., 2025),
índice compuesto único para medir el poder de dependencia (Graves & Samp,
2021), ítems propios de percepción social (Telari et
al., 2025), de ira/frustración, respuestas al phubbing
y motivaciones cotidianas para la represalia (Thomas et al., 2022), ítems
adaptados para asertividad y empatía (Navarro et al., 2020b), y escalas de
resolución de conflictos y desconexion moral
adaptadas (Navarro et al., 2020b).
Además
de las diversas pruebas psicométricas, también se llevaron a cabo cuestionarios
sociodemográficos para recopilar información sobre edad, género, orientación
sexual o tipo de relación, entre otros.
Procedimiento
En
cuanto a los procedimientos empleados en los estudios analizados, se observa
que la mayoría siguieron dinámicas metodológicas comunes centradas en la
recogida de información a través de plataformas digitales, ya fuera mediante
encuestas online o mediante procedimientos experimentales digitales.
Los
estudios se clasificaron en dos tipos principales de diseño: investigaciones
correlacionales basadas en encuestas online y diseños experimentales
controlados. Dentro de los estudios correlacionales, la mayoría adoptó un
diseño transversal, aunque algunos incorporaron recogidas repetidas de datos y
enfoques longitudinales de corta duración (Thomas et al., 2022; Frackowiak et
al., 2023). En los estudios transversales, se emplearon cuestionarios
autoadministrados distribuidos mediante redes sociales, universidades o
muestreo por bola de nieve, principalmente (Lopes
& Jaspal, 2025; Navarro et al., 2020a; Konings et
al., 2023; Gassó et al., 2020; Astleitner
et al., 2022; Gassó et al., 2021;
Garrido-Macías
et al., 2023; Graves & Samp, 2021; Navarro et al., 2020b; Zhan et al.,
2022; Montero-López Lena et al., 2020; Karaman & Arslan, 2024; Wang et al.,
2020; Chmielik & Błachnio,
2022). Estos instrumentos recogieron información referente a experiencias de
manipulación emocional mediante diferentes dinámicas, así como información
sobre bienestar psicológico, variables emocionales, personales y relacionales.
Posteriormente, los datos fueron analizados mediante técnicas como
correlaciones, regresiones jerárquicas, modelos de mediación y modelado de
ecuaciones estructurales.
Los
estudios experimentales incorporaron manipulaciones directas de situaciones
relacionales digitales (Pancani et al., 2022; Telari et al., 2025; Darke et al., 2025). En estos
trabajos, los participantes eran asignados a diferentes condiciones
experimentales, tras lo cual completaban los diversos cuestionarios y tareas,
que incluían evocación de recuerdos, escenarios guiados, interacciones
simuladas con un cómplice mediante aplicaciones de mensajería, etc. Los diseños
experimentales permitieron examinar efectos inmediatos y longitudinales (3 a 9
días en el caso de Telari et al., 2025).
Un
procedimiento particular se observó en el estudio de Darke et al. (2025), que
aplicó un diseño diádico con medidas repetidas en el que las parejas recordaban
eventos compartidos, completaban evaluaciones individuales de memoria y
bienestar, y luego uno de los miembros introducía información falsa para
generar distorsiones de memoria asociadas al gaslighting. Las pruebas se llevaron a cabo en dos sesiones,
combinando metodología online y presencial.
Resulta
relevante señalar que, en la gran mayoría de los estudios incluidos, se
encontraron asociaciones significativas entre las dinámicas analizadas y
diversos indicadores de malestar psicológico como ansiedad, depresión, soledad,
amenaza a necesidades psicológicas básicas, disminución de autoestima o
distorsión de memoria. De igual manera, varios trabajos mostraron efectos a
nivel relacional, incluyendo deterioro en la percepción moral del otro, menor
intención prosocial, desencanto o menor satisfacción relacional, alteración en
la comunicación, y aumento de dinámicas de dependencia y desconfianza. Estos
resultados apoyan la hipótesis general de que las dinámicas relacionales
digitales pueden ejercer un impacto significativo y negativo en la salud mental
y en la calidad de las relaciones interpersonales.
Sin
embargo, también se identificaron algunos trabajos cuyos resultados no
respaldaron dicha hipótesis al completo. Concretamente, en la investigación de
Navarro et al. (2020a) no se encontró una relación significativa entre el ghosting y los indicadores de bienestar
evaluados (satisfacción vital, soledad, fatalismo). Otros trabajos evidenciaron
efectos indirectos o condicionados, como Konings et
al. (2023), donde el ghosting solo
afectó la autoestima bajo niveles altos de impacto percibido, o Darke et al.
(2025), en el que la manipulación tipo gaslighting
no produjo un deterioro emocional sostenido en contexto experimental. Estas
diferencias pueden deberse a factores metodológicos como el uso de muestras no
clínicas, la naturaleza transversal de la mayoría de los estudios, la
variabilidad en las definiciones operativas de las dinámicas digitales o la
influencia de variables personales y contextuales.
Asimismo,
ciertos trabajos sugieren que el impacto psicológico de
algunas dinámicas de abuso digital se expresan fundamentalmente a nivel
emocional y relacional, sin implicar necesariamente un deterioro del bienestar
psicológico global. En este sentido, Thomas et al. (2022) observaron que el phubbing diario se relacionaba con una menor
satisfacción relacional y un aumento de emociones negativas como la ira y la
frustración, aunque no con un empeoramiento significativo del bienestar
psicológico general. Por su parte, Wang et al. (2020) observaron que los
efectos del phubbing dependen de factores individuales y
contextuales, siendo más negativos en adultos casados con alta autoestima y
mínimos o nulos en personas con baja autoestima o en relaciones no
matrimoniales.
Estos
hallazgos indican que no todos los resultados confirman completamente las
hipótesis de la presente revisión. Aunque ciertas dinámicas digitales afectan
negativamente la salud mental y las relaciones, en otros casos sus efectos son
moderados, indirectos o dependen de diversos factores. Por ello, al igual que
se ha señalado en otras revisiones, resulta relevante señalar que la ausencia
de resultados significativos no implica una relación inversa, sino que no se
hallaron evidencias suficientes para establecer conclusiones concluyentes en
dichos casos.
El
análisis de los estudios incluidos permitió examinar de forma sistemática el
impacto del ghosting, el gaslighting, el phubbing y el sexting coercitivo
tanto en la salud mental como en las relaciones afectivas, dando respuesta
directa al objetivo principal de esta revisión. A continuación, se presentan
los principales resultados obtenidos.
Se
encontraron 19 artículos que abordaban desde distintas aproximaciones
metodológicas el impacto psicológico y relacional del ghosting, gaslighting, phubbing y sexting
coercitivo. Todos los artículos fueron revisados y codificados por un único
investigador, aplicando criterios de exhaustividad y coherencia en la
interpretación de las variables.
Debido
a que estas dinámicas representan un fenómeno complejo que involucra factores
diversos (emocionales, cognitivos, relacionales y sexuales, principalmente) se
optó por organizar los resultados de los estudios en cuatro áreas temáticas
atendiendo a las dinámicas analizadas:
1)
¿Cómo influye el ghosting en la salud mental y en la
calidad de las relaciones afectivas?
2)
¿Cómo influye el gaslighting en la salud mental y en la
calidad de las relaciones afectivas?
3)
¿Cómo influye el phubbing en la salud mental y en la calidad de
las relaciones afectivas?
4)
¿Cómo influye el sexting coercitivo en la salud mental y
en la calidad de las relaciones afectivas?
¿Cómo
influye el ghosting en la salud mental y en la calidad de las relaciones
afectivas?
Se
encontraron 7 artículos que abordaban directamente esta pregunta, incluyendo un
estudio híbrido que analizó tanto ghosting
como gaslighting (Lopes & Jaspal, 2025).
En
primer lugar, el estudio experimental de Pancani et
al. (2022) mostró que el ghosting provoca
sentimientos más intensos de exclusión social, amenaza a las necesidades
psicológicas básicas y percepción de injusticia que el rechazo explícito.
Además, el ghosting fue percibido
como más inesperado e injusto, con un menor valor relacional, y destacó como la
forma más dañina de ruptura digital al generar mayor impacto emocional y menor
sensación de cierre.
De
manera similar, Telari et al. (2025) indicaron que
tanto el ghosting como el rechazo
explícito generan emociones negativas intensas. Sin embargo, el ghosting provocó una respuesta emocional
más persistente y de aparición más lenta. Además, al igual que Pancani et al. (2022), destacaron que la falta de un cierre
y la incertidumbre generada lo convierten en un fenómeno emocionalmente más
dañino que el rechazo explícito. Por otra parte, también señalaron que este
tipo de ruptura digital también impacta sobre la percepción moral del excluidor
y reduce de forma sostenida sus intenciones prosociales.
Los
trabajos de Konings et al. (2023) y Navarro et al.
(2020b) profundizaron en los efectos indirectos del ghosting. En primer lugar, Konings et al.
(2023) identificaron que, aunque no existe una relación directa entre el ghosting y la autoestima, sí hay un
efecto indirecto a través del desencanto con el atractivo personal. Esto
implica que la autoestima puede disminuir cuando la experiencia de ghosting se percibe como inesperada o
altamente negativa, ya que dicha interpretación puede ocasionar dudas sobre el
propio valor o atractivo, disminuyendo así la autoestima. Por su parte, Navarro
et al. (2020b) observaron que quienes han sido víctimas de ghosting tienden a replicar esta conducta, evidenciando un ciclo de
victimización y un impacto relacional significativo. El estudio también
confirmó que los factores contextuales y relacionales son más determinantes que
los individuales, como la autoestima o la empatía.
Asimismo,
en otro trabajo de Navarro et al. (2020a), en el que se evalúan tanto ghosting como breadcrumbing (emisión intermitente de pequeñas señales de interés afectivo, con
el propósito de mantener la atención del otro sin intención de establecer un
vínculo consistente), se sugiere que el breadcrumbing puede
ser más dañino que el ghosting al
predecir un peor estado de salud mental, reflejado en menor satisfacción con la
vida y mayores niveles de soledad e indefensión. Mientras que, por su parte, el
ghosting no mostró una relación
significativa con ninguno de los indicadores evaluados.
Por
su parte, Astleitner et al. (2022), propusieron un
enfoque integrativo en el que el ghosting,
el fear of missing out (FoMO) y el vaguebooking actúan
como mediadores entre el uso de redes sociales, la personalidad y la salud
mental. Los hallazgos muestran que un mayor uso de redes sociales, junto con
altos niveles de FoMO, aumentan la probabilidad de
ser víctima de ghosting, y que tanto
el ghosting como el vaguebooking se asocian con un peor estado de salud
mental. Además, la tendencia a la comparación social y la personalidad
histriónica se vincularon con estas experiencias y con un menor bienestar
psicológico, mientras que la necesidad de pertenencia pareció ejercer un papel
protector.
Finalmente,
la investigación de Lopes & Jaspal (2025), que
también examina gaslighting y
coerción, concluyó que tanto el ghosting como
las otras dos dinámicas predicen ideación paranoide, aportando evidencia
adicional de que la sensibilidad al rechazo y la intolerancia a la
incertidumbre predicen significativamente estados de depresión y/o ansiedad.
Sin
embargo, como observó Navarro et al. (2020a), en algunos casos el ghosting no produjo efectos
significativos sobre la salud mental ni sobre la satisfacción vital, lo que
indica que, para esta dinámica en particular, las hipótesis de que el ghosting genera efectos perjudiciales en
la salud mental y aumenta la sintomatología psicológica no se cumplieron. Del
mismo modo, Konings et al. (2023) señalaron que el ghosting únicamente afectó la autoestima
cuando el impacto percibido era elevado, sin hallarse una relación directa
entre esta dinámica y la autoestima. Esto implica que la hipótesis específica
relativa al aumento de sintomatología psicológica, particularmente en términos
de disminución de la autoestima, tampoco se cumple de manera directa ni
generalizada.
¿Cómo
influye el gaslighting en la salud mental y en la calidad de las relaciones
afectivas?
Se
identificaron 3 artículos que abordaron el gaslighting
como forma de manipulación emocional digital, incluyendo de nuevo el
estudio híbrido de Lopes & Jaspal (2025).
En
dicho estudio, Lopes & Jaspal (2025) señalaron
que el gaslighting es un predictor
significativo de síntomas depresivos, incluso más que el ghosting y la coerción. Además, junto con tales dinámicas, el gaslighting predijo niveles elevados de
ideación paranoide. Los autores concluyeron que las conductas relacionales
digitales, combinadas con rasgos personales como la intolerancia a la
incertidumbre o la sensibilidad al rechazo, explican entre el 32% y el 35% de
la varianza en síntomas psicológicos.
Por
otra parte, Graves & Samp (2021) indicaron que el gaslighting ocurre con mayor frecuencia en relaciones donde existe
un desequilibrio de poder. Se observó que este tipo de manipulación genera duda
de sí mismo, sospecha hacia la pareja y angustia diádica. Los autores
concluyeron que el gaslighting funciona
como un mecanismo de control dentro de la relación, que afecta directamente a
la seguridad emocional de la persona afectada.
De
manera complementaria, el artículo publicado por Darke et al. (2025) evidenció
que el gaslighting puede distorsionar
la memoria autobiográfica de la víctima, especialmente en los detalles
periféricos de recuerdos compartidos, provocando incertidumbre y desconfianza
en los propios recuerdos. Aunque no se observaron efectos inmediatos sobre
autoestima o emociones negativas, los resultados indican que alterar la memoria
funciona como un mecanismo sutil pero eficaz que puede afectar la forma en que
la persona percibe la realidad y su sentido de seguridad emocional dentro de la
relación. No obstante, dado que no se registraron cambios significativos en
autoestima ni en emociones negativas generales, en este caso la hipótesis de
que el gaslighting genera un efecto
perjudicial sobre la salud mental no se cumple de manera inmediata.
¿Cómo
influye el phubbing en la salud mental y en la
calidad de las relaciones afectivas?
Se
revisaron 7 artículos que analizaron el impacto del phubbing. En general, los estudios muestran que el phubbing se asocia con una disminución de la satisfacción relacional.
En
este sentido, Zhan et al. (2022) encontraron que la insatisfacción en la
relación predecía un aumento del phubbing, relación que fue mediada parcialmente por la
soledad. Además, observaron que la empatía actuó como moderadora,
intensificando esta conducta en personas con mayor sensibilidad emocional. De
manera similar, Montero-López Lena et al. (2020) señalaron que mayores niveles
de phubbing se relacionaban con una menor calidad
de la relación y con alteraciones en la comunicación tecnológica, aunque estas
alteraciones no tuvieron un efecto directo sobre la satisfacción relacional.
Resultados similares fueron reportados por Chmielik y
Błachnio (2022), quienes confirmaron que el phubbing se relaciona negativamente con la
autoestima y la satisfacción relacional, identificando la alteración de la
comunicación como el factor más perjudicial. Estos efectos fueron más
pronunciados en mujeres y en parejas casadas, y la comunicación actuó como mediadora
parcial entre la autoestima y la satisfacción relacional.
Otros
trabajos destacan el papel de variables psicológicas en la relación entre phubbing y satisfacción de pareja. Karaman &
Arslan (2024) mostraron que el phubbing y la
adicción a redes sociales mediaban parcialmente la relación entre la
satisfacción de necesidades psicológicas básicas y la satisfacción en la
relación, afectando especialmente dimensiones como amor, pertenencia, libertad
y poder, lo que sugiere que el uso problemático de la tecnología puede
disminuir el efecto positivo de satisfacer estas necesidades sobre la relación
de pareja.
Por
su parte, Wang et al. (2020) destacaron que los efectos del phubbing varían en función de factores individuales y contextuales. En
adultos casados y con alta autoestima, el phubbing se asoció con una reducción significativa de la satisfacción
relacional, mientras que en personas con baja autoestima o en relaciones no
matrimoniales, los efectos fueron mínimos o nulos, probablemente porque la
satisfacción ya era baja, lo que indica que en estas condiciones la hipótesis
de que el phubbing disminuye la cohesión, la confianza y
la estabilidad percibida dentro de las relaciones afectivas o de pareja no se
cumple.
Finalmente,
algunos estudios coinciden en que el phubbing incrementa
las emociones negativas dentro de la relación. Thomas et al. (2022) encontraron
que el phubbing diario se asociaba con menor
satisfacción en la relación y con un aumento de emociones negativas,
especialmente ira y frustración, sin que se observaran efectos sobre el
bienestar personal, incluyendo ánimo depresivo, ansioso o autoestima. Además,
el phubbing se vinculó con respuestas conductuales
como curiosidad, resentimiento y retaliación, pero no con ignorar a la pareja
ni generar conflicto directo. Las motivaciones de retaliación más frecuentes
fueron venganza, búsqueda de apoyo y búsqueda de aprobación, mientras que la
motivación por aburrimiento no resultó relevante. Complementariamente,
Frackowiak et al. (2023) evidenciaron que el phubbing de pareja incrementa emociones negativas como tristeza, malestar,
ira y soledad, especialmente en días de mayor intensidad de la conducta. No
obstante, la percepción de comprensión y validación por parte de la pareja
atenuó estos efectos, moderando específicamente la relación entre phubbing e ira, malestar y soledad.
Además,
se observó que las emociones varían según la dimensión, de forma que ira y
malestar mostraron mayor variabilidad intrapersonal diaria, la tristeza se
afectó tanto a nivel inter como intrapersonal, y la soledad dependió más de la
ocurrencia de phubbing que de su intensidad.
¿Cómo
influye el sexting coercitivo en la salud mental y en la calidad de las
relaciones afectivas?
Se
obtuvieron 3 artículos que abordaban el sexting
coercitivo.
En
primer lugar, los estudios de Gassó et al. (2020;
2021) indicaron que la victimización sexual digital y el sexting coercitivo se relacionaban con mayores niveles de
depresión, ansiedad y psicopatología global. En el caso de las mujeres, incluso
el sexting consensuado (activo o
pasivo) se asoció con peor estado de la salud mental, mientras que en hombres
el efecto se observó principalmente en la difusión no consensuada. La coerción
fue el predictor más fuerte de malestar psicológico.
Por
otro lado, Garrido-Macías et al. (2023) encontraron que el sexting no deseado, influido principalmente por la coerción sexual
y la victimización online, disminuyó significativamente la satisfacción vital.
Aunque no se detectaron cambios en la satisfacción sexual, los efectos adversos
sobre el bienestar emocional indican un deterioro importante en la calidad de
vida y en la seguridad afectiva.
En
definitiva, salvo en los estudios previamente mencionados en los que no se
observaron efectos significativos, los hallazgos respaldan de manera general la
hipótesis principal y las hipótesis específicas planteadas, evidenciando que
estas dinámicas digitales ejercen un impacto significativo y negativo tanto en
la salud mental como en la calidad de las relaciones afectivas.
Discusión
El
objetivo principal de esta revisión sistemática fue examinar la relación entre
las dinámicas emergentes de abuso emocional mediadas por la tecnología,
concretamente ghosting, gaslighting, phubbing
y sexting coercitivo, y su
impacto en la salud mental y la calidad de las relaciones afectivas en adultos
emergentes. Los hallazgos de los 19 artículos revisados, publicados entre 2020
y 2025, respaldan en gran medida la hipótesis principal de que estas conductas tienen
un efecto negativo y significativo tanto en el bienestar psicológico como en la
calidad de las relaciones.
Las
dinámicas analizadas representan formas complejas y sutiles del abuso digital
en el contexto de las citas (CDA), que dificultan la autonomía emocional y
deterioran la salud mental de quienes las experimentan.
En
cuanto al ghosting, los hallazgos
sugieren que no solo se trata de una forma de rechazo, sino que además se
percibe como una de las rupturas digitales más perjudiciales, generando
sentimientos intensos de exclusión social, afectando necesidades psicológicas
básicas y generando una sensación de injusticia. La falta de explicación o
cierre emocional incrementa la sintomatología psicológica, incluyendo ansiedad
y depresión, y puede incluso fomentar un ciclo de victimización dentro de la
dinámica de ruptura. Sin embargo, algunos estudios mostraron resultados
condicionales, donde el impacto en la autoestima solo se manifestaba bajo altos
niveles de afectación percibida; en otros casos, no se encontraron relaciones
significativas con indicadores de bienestar, como la satisfacción vital.
El
gaslighting se identificó como una
estrategia de control que mina la seguridad emocional y la autoconfianza de la
víctima, distorsionando la memoria autobiográfica y generando desconfianza en
la propia percepción de la realidad. Sus repercusiones incluyen disminución de
la autoestima, ansiedad y depresión, así como sospecha y angustia dentro de la
relación.
Por
su parte, el phubbing emergió como una dinámica que afecta
principalmente a la satisfacción relacional y el bienestar emocional,
aumentando emociones negativas como ira, frustración, tristeza, malestar y
soledad. Estos efectos pueden mitigarse cuando la pareja ofrece comprensión y
validación, y la conducta se asocia también con respuestas como curiosidad,
resentimiento y retaliación, sin llegar a provocar conflictos directos. De
igual modo, factores contextuales y personales influyen en la intensidad de
estos efectos. En conjunto, aunque no siempre afecta el bienestar psicológico
general, el phubbing constituye un factor de riesgo
significativo para la calidad relacional y la interacción emocional en la
pareja.
Finalmente,
el sexting coercitivo se asoció con
consecuencias psicológicas como ansiedad, depresión o menor satisfacción vital,
y a nivel relacional, predice una menor seguridad afectiva.
Los
resultados de esta revisión tienen implicaciones relevantes para la práctica en
el ámbito de la Psicología.
En
primer lugar, es esencial que los profesionales de la salud mental amplíen su
capacidad de detección y evaluación de las dinámicas digitales en la historia
clínica, especialmente entre jóvenes, considerando que síntomas como ansiedad,
depresión, baja autoestima o ideación paranoide podrían ser señales de abuso
emocional digital. En cuanto a la intervención, abordar el ghosting requiere facilitar el cierre emocional, validar la
experiencia de rechazo y exclusión, trabajar la autocompasión y reforzar la
autoestima. Por su parte, la intervención con respecto al gaslighting, debe enfocarse en el restablecimiento de la propia
confianza en el juicio y la memoria de la víctima, así como en fortalecer su
seguridad emocional. El phubbing requiere un abordaje mediante la mejora
de la comunicación, la gestión de emociones negativas y el fortalecimiento de
la percepción de apoyo y validación en la pareja. En el caso del sexting coercitivo, la intervención debe
atender tanto al malestar psicológico como a restaurar el sentimiento de
control y seguridad de la víctima, proporcionando también orientación sobre
recursos de protección o denuncia.
También,
es relevante el desarrollo de programas de prevención y psicoeducación
dirigidos a jóvenes, que incluyan información sobre estas formas de
manipulación, se promueva la alfabetización digital en el ámbito sexual y
afectivo, y se entrene en habilidades de comunicación asertiva para expresar
necesidades y manejar rupturas de manera saludable. Estas medidas no solo
podrían reducir la incidencia de ghosting
y ciclos de victimización, sino también mitigar los efectos negativos del phubbing diario.
Para
concluir con las implicaciones prácticas, estos resultados señalan la necesidad
de reconocer estas dinámicas como formas de violencia digital que tienen
repercusiones en la salud pública, lo que refuerza la necesidad de impulsar
campañas de concienciación y sensibilización.
Además,
esta revisión sistemática presenta varias limitaciones que deben considerarse
al interpretar los resultados y planificar la investigación futura. En primer
lugar, el número final de estudios revisados fue reducido (19 artículos), lo
que limita la diversidad de contextos y la generalización de los resultados.
Esta selección respondió a criterios estrictos de inclusión orientados a
garantizar la relevancia y calidad metodológica de los estudios, priorizando
trabajos que abordaran específicamente las dinámicas de ghosting, gaslighting, phubbing y sexting
coercitivo en adultos emergentes. Además, este es un campo relativamente
reciente y poco explorado con un número limitado de artículos disponibles, lo
que condicionó la muestra final de estudios incluidos en la revisión.
Por
otra parte, se reporta una heterogeneidad notable tanto metodológica como
conceptual. La variabilidad en los diseños de investigación, junto con la
ausencia de consenso claro para conceptualizar de manera uniforme estas
dinámicas, dificulta la comparación directa de los resultados entre los
diferentes trabajos. Esta decisión se realizó deliberadamente para capturar la
amplitud del fenómeno en distintos contextos culturales y metodológicos, aunque
limita la síntesis cuantitativa de conclusiones sólidas.
A
ello se suma que la mayoría de las investigaciones son de naturaleza
transversal, lo que impide establecer relaciones causales firmes o evaluar la
duración de los efectos psicológicos negativos y los procesos de recuperación.
Esta elección se justifica por la facilidad de acceso y rapidez de recolección
de datos que ofrecen los diseños transversales, especialmente considerando el
carácter emergente del tema y la limitada disponibilidad de estudios
publicados.
Otro
aspecto relevante es que la muestra se centró en adultos emergentes (18-30 años
en promedio), restringiendo la aplicabilidad de los resultados a otras franjas
etarias. Esta elección atiende al interés específico en un grupo etario donde
estas dinámicas mediadas por la tecnología son más frecuentes. Además,
predominó la participación femenina, lo que podría distorsionar la comprensión
de la experiencia de victimización y perpetración, especialmente en el sexting coercitivo donde se han
reportado diferencias de género en la coacción.
De
igual manera, se identificó que algunos de los estudios seleccionados
utilizaron instrumentos que no contaban con adaptación ni validación al
español. La ausencia de validación lingüística y cultural puede condicionar la
equivalencia conceptual de las medidas y la interpretación de los resultados en
contextos hispanohablantes. A pesar de ello, estos estudios fueron incluidos
debido a su relevancia teórica y a la limitada producción científica disponible
en un campo aún emergente.
Por
último, hay que señalar que la revisión se centró en la perspectiva de la
víctima. Aunque esto es crucial para entender el impacto psicológico, deja
fuera el análisis de los factores y mecanismos subyacentes de la perpetración,
una limitación que podría enriquecerse al incluir estudios con diseños diádicos
o centrados en el agresor. Esta decisión se tomó con el objetivo de centrarse
en el análisis de las consecuencias emocionales y relacionales, considerando
que los estudios centrados en el agresor son menos frecuentes y presentan
dificultades metodológicas que dificultan su comparación con los trabajos
enfocados en la víctima.
Mirando
hacia el futuro, se proponen las siguientes líneas de investigación que pueden
enriquecer el estudio de estas dinámicas.
Para
comenzar, se resalta la importancia de llevar a cabo estudios longitudinales
amplios que permitan hacer un seguimiento de las víctimas para examinar la
persistencia de los efectos psicológicos y comprender los factores de
resiliencia y los procesos de recuperación a lo largo del tiempo.
También,
resultaría interesante realizar estudios con diseños metodológicos homogéneos
lo que facilitaría comparaciones directas y cuantitativas sobre el impacto
psicológico del ghosting, el gaslighting, el phubbing y el sexting coercitivo
para establecer niveles de riesgo diferenciados y definir prioridades más
claras para la intervención clínica.
Además,
se podría explorar en profundidad el papel de variables que pudieran moderar o
mediar la experiencia de victimización, como los estilos de apego, ciertos
rasgos de personalidad, la sensibilidad al rechazo o la capacidad de
regulación, entre otros. Este enfoque podría ayudar a explicar por qué algunas
personas son más susceptibles que otras frente a estas conductas.
Otra
vía de investigación prometedora sería incluir la perspectiva del perpetrador
para investigar o comprender mejor la etiología de estas conductas. Además, el
uso de diseños diádicos y el análisis de la interacción en pareja permitirían
una comprensión más completa de los procesos de control y manipulación tal como
se desarrollan en tiempo real.
Por
otra parte, sería útil desarrollar y evaluar intervenciones específicas
dirigidas a mitigar las consecuencias de estas dinámicas. Por ejemplo, podrían
implementarse terapias enfocadas en la restauración de la memoria y la
confianza en personas que han vivido situaciones de gaslighting.
De
igual manera, sería útil implementar estrategias de prevención primaria y
secundaria desde edades tempranas. Esto implicaría fomentar la alfabetización
digital y afectivo-sexual, entrenar habilidades de comunicación asertiva,
fortalecer la autoestima y la regulación emocional, así como enseñar a
reconocer y reaccionar ante conductas de abuso mediadas por la tecnología antes
de que se establezcan patrones perjudiciales. Intervenir en etapas tempranas no
solo podría reducir la incidencia de las dinámicas analizadas, sino también
favorecer la construcción de relaciones más saludables, seguras y resilientes
durante la adolescencia y la adultez emergente.
Para
terminar, se podría ampliar el ámbito de estudio hacia otros grupos
poblacionales como adolescentes y adultos mayores, así como considerar
contextos de relaciones no románticas, como amistades o entornos laborales.
El
propósito de esta revisión fue analizar rigurosamente el impacto que ejercen
dinámicas de manipulación emocional mediadas por la tecnología como el ghosting, gaslighting, phubbing y sexting coercitivo, sobre el bienestar
psicológico y la calidad de las relaciones sentimentales en adultos emergentes.
Mediante la síntesis de 19 estudios publicados entre 2020 y 2025, se confirma
que estas cuatro prácticas constituyen fenómenos relevantes dentro del contexto
de la violencia digital y representan un desafío emergente para la salud mental
de la población joven.
Primeramente,
los resultados muestran que el ghosting además
de actuar como una forma de rechazo interpersonal,
tiende a generar reacciones emocionales más intensas y persistentes que el
rechazo explícito. Además, el mayor malestar emocional se asoció frecuentemente
con experiencias como la falta de cierre, la incertidumbre y la sensación de
pérdida de control. Estas situaciones generan una amenaza a las necesidades
psicológicas básicas y, en algunos casos, pueden conducir a ideación paranoide.
Sin embargo, algunos estudios sugieren que estos efectos pueden depender de
variables contextuales, como la interpretación subjetiva de la experiencia o la
severidad percibida de la ruptura.
En
segundo lugar, el gaslighting se
consolidó como una de las dinámicas con mayor impacto psicológico. La evidencia
indica que este tipo de manipulación puede provocar inseguridad sobre la propia
percepción e interpretación de los hechos, distorsiones de memoria, sospecha
hacia la pareja y angustia diádica. Además, se observó que su presencia está
vinculada a relaciones en las que existen desequilibrios de poder, actuando
como una estrategia de control emocional que compromete la autonomía y la
estabilidad relacional. Los estudios también coinciden en que el gaslighting se asocia con una mayor
frecuencia de sintomatología depresiva y aumento de la ideación paranoide, lo
que pone de manifiesto su relevancia clínica.
En
tercer lugar, el phubbing se identifica como una dinámica que
afecta principalmente la satisfacción relacional y el bienestar emocional,
aumentando emociones negativas como ira, frustración, tristeza, malestar y
soledad. Estos efectos pueden moderarse cuando la pareja ofrece comprensión y
validación, y su intensidad se ve modulada por factores contextuales y
personales, como la comunicación, la obsesión por el teléfono, el género, el
estado civil, la edad o la duración de la relación. Aunque no siempre repercute
en el bienestar psicológico global, el phubbing constituye
un factor de riesgo relevante para la dinámica emocional y la satisfacción en
la relación.
En
cuarto lugar, el sexting coercitivo
se vinculó con un aumento de síntomas ansiosos y de carácter depresivo, así
como con mayores niveles de malestar psicológico global. La coerción sexual en
medios digitales se mostró como un factor asociado a un mayor malestar
emocional, particularmente en el caso de las mujeres. Asimismo, se observó que
el sexting no deseado repercute
negativamente en la satisfacción vital, aunque no afecte de manera directa la
satisfacción sexual.
En
conjunto, los hallazgos sugieren que las dinámicas de manipulación emocional
mediadas por la tecnología analizadas tienen un efecto significativo y negativo
tanto en la salud mental como en la calidad de las relaciones románticas de los
adultos emergentes. Aunque se manifiestan de diferentes formas, estas prácticas
comparten mecanismos comunes de ambigüedad, control y desestabilización
emocional, lo que las convierte en fenómenos relevantes dentro del estudio de
la violencia relacional contemporánea.
Sin
embargo, los resultados deben interpretarse prudentemente debido a ciertas
limitaciones metodológicas de los estudios revisados, entre las que se incluyen
el predominio de diseños transversales, la escasa representación de poblaciones
clínicas o diversas, y, en algunos casos, el uso de instrumentos sin adaptación
o validación al español, entre otras.
Además,
la diversidad conceptual y operativa de estas dinámicas dificulta la
comparación directa entre investigaciones y subraya la necesidad de avanzar
hacia definiciones más precisas y consensuadas.
A
partir de esta idea, se resalta la importancia de seguir investigando estas
formas de abuso digital, empleando diseños longitudinales, muestras más amplias
y contextos más diversos que permitan comprender los mecanismos subyacentes,
los factores de vulnerabilidad y las posibles estrategias de intervención. Del
mismo modo, se destaca la necesidad de desarrollar programas psicoeducativos y
enfoques terapéuticos orientados a la prevención, detección y abordaje de estas
dinámicas en el marco de las relaciones afectivas de la juventud.
En
conclusión, esta revisión sistemática pone de manifiesto que el ghosting, el gaslighting, el phubbing y el sexting coercitivo son fenómenos
emergentes que impactan directamente y de manera relevante en la salud mental
de los adultos jóvenes, así como en la calidad, estabilidad y seguridad
emocional de sus relaciones románticas. Reconocerlos, delimitarlos y analizarlos
en profundidad resulta esencial para diseñar intervenciones eficaces y fomentar
relaciones digitales más saludables y respetuosas.
Declaraciones
Conflicto de intereses:
Los autores declaran que no existen conflictos de intereses relacionados con la
investigación o publicación del artículo.
Contribución de autoría
(CRediT): Los autores participaron en la conceptualización, metodología,
análisis de la literatura, redacción y revisión del manuscrito, conforme a sus
contribuciones individuales, y aprobaron la versión final.
Aprobación ética: No
aplicable, dado que el estudio se basa exclusivamente en el análisis de
literatura científica publicada y no involucra participantes humanos ni datos
personales.
Financiamiento: Esta
investigación no recibió financiamiento externo.
Disponibilidad de
datos: Las fuentes analizadas se encuentran identificadas en las referencias
bibliográficas del artículo.
Uso de inteligencia
artificial (IA): Los autores declaran haber utilizado herramientas de
inteligencia artificial generativa exclusivamente para la elaboración de la
figura, con el propósito de mejorar la claridad y visualización de la
información presentada.
Originalidad: Los
autores declaran que el manuscrito es original, no ha sido publicado
previamente y no se encuentra sometido simultáneamente a evaluación en otra
revista científica.
Preprints: El manuscrito no ha
sido publicado previamente como preprint en ningún
repositorio público.
Retracciones y
correcciones: Los autores se comprometen a cumplir las políticas de integridad
científica de HOMERO y los principios del Committee on Publication Ethics (COPE).
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